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HAITIANOS EN LA HISTORIA DE CUBA

Sunday, April 20, 2008

PASOS ORGANIZATIVOS DE LA COMUNIDAD HAITIANA EN CUBA

Desde mediados del año 2007 los haitianos y sus descendientes en Cuba realizan las coordinaciones pertinentes para sumarse a la Asociación del Caribe como su organización oficial y reconocimiento legal.

Así se ha decidido para todos los integrantes de la comunidad haitiana en Cuba.

La historia de esta etnia en la Mayor de las Antillas data desde prácticamente la formación del país, incluso desde antes de la llegada europeos al Nuevo Mundo, denominado por algunos como el “descubrimiento”, ya que los nativos originarios de Haití, como le llamaron en lengua araucana al “país de altas montañas”, habían emigrado y asentado en Cuba.

Los colonialistas españoles se encargaron de arrasar con los aborígenes, tanto allí, en la isla llamada por ellos como La Española, como en Cuba, todo por el afán de riquezas a extraer en ambos territorios.

Importaron a los negros africanos en uno y otro lugares, dando comienzo a esa negra etapa de la historia de conquista y colonización en América, la esclavitud, durante la cual miles, millones de hombres y mujeres del continente africano perdieron la vida, entregaron su sangre y sufrieron de tanto atropello.

Haití fue ocupada poco a poco de otros elementos europeos, predominando los franceses, los cuales, mediante tratado de su país con España, se adueñaron de esta región.

Se formó en Haití, como parte de todo este proceso, una nueva comunidad, predominantemente francesa y africana, originaria del franco-haitiano.

La Revolución triunfante de los esclavos, en el periodo de 1790 a 1804, originó el éxodo hacia Cuba y hacia otras partes del continente americano de centenares y miles de franceses propiamente y de los franco-haitianos, formando así la segunda emigración hacia la Mayor de las Antillas desde Haití.

La llegada, asentamiento y participación en todos los aspectos de la vida en Cuba, fue dándole un fuerte vínculo al elemento haitiano-cubano.

Un siglo más tarde, con el papel preponderante del naciente imperio norteamericano en Cuba, se produciría la tercera y mayor de las oleadas de inmigrantes procedentes de Haití. Empresas y magnates azucareros norteamericanos, cubanos y otros produjeron la entrada masiva en la Isla de otro manera de esclavitud: los braceros antillanos, mayoritariamente haitianos, para el corte de la caña de azúcar en los campos cubanos.

Así no menos de medio millón de haitianos fueron trasladados a Cuba como fuerza de trabajo barata y sometidos a todo tipo de explotación.

La historia escrita por los burgueses nacionales y extranjeros no recoge en toda su dimensión el horrendo pasaje de explotación, vejámenes y discriminación a que estuvo sometido esta etnia durante las seis largas décadas de presencia suya en la denominada República de Cuba.

No obstante, en cada momento el oriundo de Haití supo enfrentar la situación en Cuba y participar heroicamente en todos los procesos sociales y de liberación popular. Así lo marcan los ejemplos del Cacique Hatuey, en tiempos de la conquista y colonización, las dotaciones o individualmente de esclavos haitianos incorporados a las tropas insurrectas o mambisas durante las Guerras de Independencia cubana, los trabajadores y dirigentes sindicales haitianos en las luchas obreras, y los combatientes haitianos y sus descendientes participantes en el Ejército Rebelde en la última etapa de la liberación cubana en la década de 1950.

Haití, para entonces, estaba sometida a la sangrienta dictadura de Francoise Duvalier, lo que originaba el éxodo de miles de personas hacia diversos países, Cuba entre ellos, con lo que se efectuó una cuarta forma de emigración de haitianos hacia la Mayor de las Antillas: por motivos políticos.

Con el advenimiento de la Revolución Cubana el primero de enero de 1959 se propició por los componentes revolucionarios y progresistas de los haitianos y sus descendientes radicados en Cuba la creación de una Asociación que les agrupara y les facilitara el intercambio entre sus coterráneos.

Así, a principios de los años de 1960 se constituyó una Asociación de Residentes Haitianos, a cuyo frente estuvieron destacadas personalidades residentes en Cuba.

Sus primeras acciones estuvieron encaminadas a la aglutinación de los elementos progresistas que luchaban contra Duvalier, tanto los que consideraban como necesario desarrollar el enfrentamiento armado como los que propugnaban otros métodos de enfrentamiento a la dictadura.

Durante varios años se mantuvo funcionando esta Asociación hasta caer en un impass, en correspondencia con las personas que asumían o no su dirección.

A la altura de febrero de 1991, y paradójicamente cuando el país entraba en un proceso de depauperación de las condiciones económicas, política y sociales, llamado Período Especial, originado por la caída de la Unión Soviética y demás países del campo socialista de Europa, se efectuó una nueva revitalización de la Asociación, asumida esencialmente por descendientes haitianos nacidos en Cuba, y cuyo eje inicial se desenvolvió en la capital del país y después se extendió al resto de las provincias, esencialmente, en la región oriental.

Las acciones desarrollada por el conjunto de dirigentes y activistas de la Asociación en esa etapa fue la de rescatar la autoestima entre los descendientes haitianos, lograr que los propios miembros de esta etnia realizaran el reconocimiento público de ellos como descendientes de haitianos y no de “franceses”, o la negación de su condición como muchos acostumbraban a declarar.

Muchas décadas de discriminación y explotación sufridas en la llamada República hasta el 1959 hacían aparecer al haitiano y a sus descendientes como la última de las categorías sociales, económicas y de toda naturaleza en Cuba.

El haitiano y sus descendientes eran discriminados no sólo por su condición de pobre, como una de las únicas etnias en Cuba que no contaba con medios de producción propios, recursos naturales u otros objetos de riqueza material, sino también por ser extranjero y no dominar bien la lengua española.

Los discriminaban los cubanos blancos y de otra pigmentación de la piel pero, peor aún, los discriminaban por los propios negros cubanos que preferían ver muertas a sus hijas antes que casadas o en relaciones amorosas con un haitiano o sus descendientes.

En número reducido acudían a las escuelas los niños y, sobre todo, las niñas, descendientes de haitiano, y eran objeto de burlas por su manera de vestir, de peinar o de hablar el español. Despectivamente se les llamaba “pichón de haitiano”.

El creole, la lengua materna de sus padres, era hablado por ellos a lo interno de sus hogares y no en público, para tratar de esconder su origen haitiano.

Por tales circunstancias, a pesar de la acción liberadora de la sociedad originado por la Revolución Cubana, treinta años después de aquel Primero de Enero aún subsistían en las mentes y en las vidas de numerosos descendientes de haitianos los rezagos discriminatorios de épocas pasadas, y preferían ocultar o no exponer en público su ascendencia haitiana.

El Grupo Gestor de la Asociación de Residentes y Descendientes Haitianos en Cuba (ARDHC) se dio a la paciente tarea de contrarrestar estos prejuicios y atraer hacia su seno a los haitianos y sus descendientes en el país.

La labor consecuente, diaria y sistemática de ellos, junto al cada vez mayor panorama de rescate cultural que propiciaban las instituciones del país, fueron calando en una cada vez mayor número de personas que se sumaron al propósito de llegar a tener una Asociación propia de haitianos y sus descendientes, por demás una de las pocas, sino la única agrupación en Cuba de una etnia mayoritariamente de pigmentación de la piel negra.

El 10 de febrero de 1991 tuvo su fecha de reactivación como una agrupación sociocultural y el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) fungió como el órgano de relación., y en todo instante brindó una esmerada atención y apoyo a los propósitos de la Asociación.

Además de la labor proselitista entre los haitianos y sus descendientes en el país, el Comité Gestor inició un grupo de actividades propias sobre la cultura haitiana, tal y cuales fueron una conferencia del escritor y director de cine Rassoul Labuchin sobre Haití su economía y desarrollo social, la primera, y un encuentro con los periodistas y otras personas que concurrieron a la toma de posesión del presidente Jean Bertrand Aristide.

Desde un primer momento se fijó el rescate de las tradiciones históricas de Haití, sus costumbres y su folklore, el empleo del creole y otras tradiciones.

Las “Tardes haitianas” se convirtieron en un medio para el intercambio informativo y cultural de esta comunidad, a la vez que se desarrolló una sistemática atención a la familia de los fallecidos y otras acciones sociales.

Se conmemoran y celebraron las efemérides haitianas y se abrieron aulas para la enseñanza del creole.

El reencuentro familiar es una de las líneas de trabajo del Asociación.

Un ejemplo de participación activa respecto a los problemas concretos del país fue la constitución y resultados de una Brigada de Trabajo Voluntario de sus asociados y de haitianos estudiantes en Cuba o refugiados que, por espacio de 15 días en dos años consecutivos participaron en áreas agrícolas en apoyo al Programa Alimentario. La Brigada se denominó Emilio Bárcena Pier, en homenaje al descendiente de haitianos participante en la guerra de liberación revolucionaria y caído en combate.

Otra evidencia lo fue la constitución de la primera cooperativa agropecuaria haitiana en Cuba, en el municipio de Florida, provincia de Camaguey, una parte de cuya producción se destinó al apoyo alimentario de Círculos Infantiles y Hogares de Ancianos de aquel territorio.

También miembros de la Asociación contribuyeron con su labor voluntaria en la construcción de la Villa Panamericana, al este de la capital.

Como parte de la labor de la Asociación estuvieron las acciones realizadas por la comunidad con los refugiados haitianos llegados a Cuba.

En la medida en que se fue fortaleciendo como organización, y que sus actividades fueron cada vez más difundidas y trascendidos sus contenidos, se propició un movimiento de identificación y acercamiento a la Asociación de haitianos residentes y sus descendientes en Cuba.

Sus filas se incrementaron tanto en Ciudad de La Habana como en las otras provincias, lo que originó la necesidad de estructurar el Comité Gestor en filiales. Así se crearon las filiales de Matanzas, Florida, Morón Ciego de Avila, Camaguey, Esmeralda, Santiago de Cuba y Guantánamo, como las primeras, y propugnándose la constitución en otros lugares como Amancio Rodríguez, Las Tunas, Holguín, etc.

Con el incremento del turismo en Cuba se originó igualmente una arribazón mayor de ciudadanos haitianos residentes en Estados Unidos, Canadá, Francia y en otros lugares, los que se comunicaron con la comunidad en el país y fueron atendidos por ésta.

También se propició el intercambio de la Asociación con comunidades haitianas residentes en otros países.

La comunidad ha promocionado la creación y apoyado la constitución de grupos folklóricos de descendientes de haitianos en Cuba, tanto en la capital como en el resto del país.

El Gobierno de la capital le entregó un local al Comité Gestor para que se reparara y convirtiera en la futura Casa de la Cultura Haitiana en Cuba, a la vez que sede de la Asociación de Residentes Haitianos y sus Descendientes.

Fueron invitados oficialmente directivos del Comité Gestor y por primera vezen 1995 una delegación de la comunidad haitiana en Cuba visitó Haití. También se produjeron visitas a Canadá.

Desde el 1994 el Comité Gestor inició los pasos para la inscripción oficial de la Asociación en los órganos de justicia del país. Hasta ese entonces primaba el criterio en el ICAP de que, como este organismo era el órgano de relación de la Asociación, no se necesitaba una inscripción oficial ante el Ministerio de Justicia.

Se elaboraron los proyectos de Estatutos, Reglamentos y demás documentos solicitados para la inscripción como Asociación y e presentaron ante el Ministerio de Justicia.

El Comité Gestor y la comunidad en su conjunto organizaron y desarrollaron en la capital el Primera, Segunda y Tercera Semanas de la Cultura Haitiana en Cuba, durante los años 1993 (del 3 al 9 de enero), en 1994 ((primera quincena de enero), y en 1995 (25 de junio al 2 de julio), en los que participaron numerosos grupos folkóricos del país portadores de la cultura haitiana, así como artistas haitianos de Estados Unidos y Canadá que actuaron durante ambas semanas de festejos.

La Asociación, que hasta diciembre de 1995 se denominó Asociación de Residentes y Descendientes de Haitianos en Cuba (ARDHC) pasa a llamarse en lo adelante como Asociación de Haitianos y sus Descendientes en Cuba (ADHC), según se acordó en el Primer Encuentro de la Asociación con sus filiales en las provincias.

El Día Internacional del Creole, instituido en 1979 en las Isla Seychelles, y que se festeja anualmente en todas las regiones del mundo donde se habla este idioma, se celebró por primera vez en Cuba por la Asociación el 29 de octubre de 1996 en el ICAP, como parte de las actividades por el Día de la Cultura Cubana (20 de octubre).

En el año 1997 el Comité Gestor recibe la orientación de que por decisión oficial del país, hasta tanto no estuviera inscrita en el Registro de Asociaciones, del Ministerio de Justicia, no estaba autorizado a realizarse más actividades de la comunidad haitiana como tal.

Tal y como hasta el momento venía ocurriendo, el Comité Gestor fue fiel celador de la Legalidad Socialista y suspendió, desde entonces, toda actividad oficial como Asociación.

Parejamente dio los pasos para que se acelerara lo que ya hacía un tiempo largo había presentado ante las autoridades correspondientes: la solicitud de inscripción ante el ICAP, como Organo de Relación, y el Ministerio de Justicia.

Vendría, al año siguiente, una etapa fatídica en el Comité Gestor, en la Asociación y en la comunidad haitiana en Cuba.

El principal directivo del Comité Gestor se apareció con la propuesta de crear otra asociación con destino al seguimiento del creole en el país, con la participación exclusiva de personas de estudios superiores.

Esta idea fue rebatida y considerada una locura, por cuanto esta lengua en Cuba era practicada sólo por los haitianos y sus descendientes, de los cuales la inmensa mayoría de los autóctonos eran iletrados o de muy bajo nivel escolar y, lo más importante de todo, que ya la propia Asociación de Haitianos y sus Descendientes en Cuba (ADHC),
no solamente tenía entre sus objetivos la promoción del creole en el país, sino que era parte intrínseca de su contenido como organización. Que la idea propuesta generaría la división en la comunidad haitiana.

Las desavenencias originadas desembocaron en un agrio intercambio de acusaciones y refutaciones por parte del principal directivo del Comité Gestor y un grupo de seguidores contra el resto de sus integrantes, y una acción recíproca de estos contra aquel.

Se decidió suspender al individuo que ostentaba el cargo de Presidente y nombrar sucesivamente a otras personas que desempeñaran esas funciones.

Lo peor de todo es que, por una actitud inadecuada del antiguo Presidente, este problema trascendió y fue mostrado por él en un intercambio que provocó con el recién electo Presidente de Haití, Rene Preval, en la sede de la Embajada de ese país en Cuba.

Toda esta situación generó, como se había advertido, una frustrante división entre la comunidad haitiana en el país, y en su seno comenzaron a surgir iniciativas de creación de la Asociación distinta a la original, con sede en Guantánamo, Camaguey u otros lugares.

El Comité Gestor continuó, en todos estos años transcurrido hasta la fecha, propiciando la elevación de la autoestima entre los haitianos y sus descendientes en Cuba, estimulando el rescate y desarrollo de la cultura haitiana en el país, atendiendo el reencuentro familiar, promoviendo líneas de acción solidaria y proyectos de colaboración con el pueblo haitiano, y gestionando la unidad en el seno de la comunidad haitiana –incluso, con aquellos que tomaron otro derrotero y fomentaron la división-.

La Dirección del país decidió no autorizar el reconocimiento de más organizaciones no gubernamentales en el país y, como parte de ello, fortalecer la agrupación en la Asociación del Caribe de todos aquellos oriundos o descendientes de las islas y zonas de esta región.

Hasta este momento y durante los últimos diecisiete años, los inmigrantes haitianos y sus descendientes nacidos en Cuba habían laborado para crear una Asociación propia.
Asociación de Haitianos y sus Descendientes en Cuba (ADHC),

El Comité Gestor de la Asociación de Haitianos y sus Descendientes en Cuba (ADHC),
fiel a sus votos por la Revolución Cubana, acata esta decisión y estimula a sus integrantes y a la comunidad haitiana en el país a inscribirse en la sede central y filiales de la Asociación del Caribe, proceso que se desarrollará paulatinamente durante el presente año 2008.

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Wednesday, September 20, 2006

Juan Theodoro Diphi: HAITIANO BENEFICIADO POR LA REFORMA AGRARIA

Uno de los beneficiarios por la ley revolucionaria de la Reforma Agraria, con la entrega del título de propiedad sobre los lotes de terreno que venían ocupando como precaristas, fue el emigrante haitiano Saint-Jean Depilice Medallis (conocido en Cuba como Juan Theodoro Diphi).

Como miles de haitianos, Juan Theodoro llegó varias décadas antes a la Mayor de la Antillas con la esperanza de hacer un poco de dinero y regresar con él a su país.

Por eso, muy joven, se enroló en uno de las decenas de grupos de coterráneos, formados a partir de los cantos de sirena entonados por los individuos que actuaban como contratistas de los cortadores con destino a los campos de caña de centrales azucareros cubanos.

Juan, como muchos otros, mantenía la esperanza de, en corto tiempo, reunir el suficiente dinero que le permitiera enfrentar las penurias que sufrían él y su familia en su natal Anse-a-Veau, primera Sección rural de Gireaud.

Pagó, como todos los demás, una parte del dinero exigido para el pasaje y quedó debiendo el resto hasta el monto de doscientos dólares exigidos por el contratista. En garantía, él dejó en su país un pedazo de terreno de sus padres: Dupieis Dipiche y Mecilia Medallis.

Al llegar a Cuba enfrentó la triste realidad: el pago por el corte de caña no era el prometido y la ganancia al final de los cortes no alcanzaba para acumular gran cantidad de dinero.

El llamado tiempo muerto interrumpió el entonces seguro trabajo y su deuda crecía con los gastos cotidianos de alimentación y otros. Entonces acudió, como miles de emigrantes haitianos, a laborar en los cafetales orientales. Este último trabajo le ofreció mejores perspectivas y un poco más de estabilidad.

Recogió café en las lomas orientales y consiguió asentarse en un pedazo de terreno en la zona guantanamera de Realengo 18. Conoció a Dolores Florentino, y esa unión le propició formar una familia de varios hijos.

Sufrió la explotación y los vejámenes infligidos por la clase dominante a obreros y campesinos cubanos. Por eso, el entorno social de lucha agraria y revolucionaria no le fue ajeno, a pesar de su origen extranjero.

Participó en las batallas contra los latifundistas y contribuyó en los combates librados por el Ejército Rebelde contra la tiranía de Batista.

El 10 de octubre de 1958 el Alto Mando guerrillero daba a conocer la Ley Extraordinaria número tres. En ella se concedía "la propiedad de la tierra que cultivaban a los poseedores de tierra del Estado, así como a los arrendatarios, subarrendatarios, aparceros, colonos, subcolonos y precaristas que ocupaban lotes de cinco (670 hectáreas) o menos caballerías particulares."

Basada en ella, cientos de campesinos de las zonas liberadas recibieron en propiedad las tierras donde laboraban y vivían.

El dos de diciembre de 1958 Juan Theodoro Diphi recibió, de manos de Raúl Castro Ruz, entonces Comandante en Jefe de las fuerzas rebeldes del Segundo Frente Oriental Frank País, el título de propiedad sobre el lote de terreno que venía ocupando como precarista.

TITULO DE PROPIEDAD DE LA REFORMA AGRARIA

Ejército Rebelde
Comandancia Central
Segundo Frente Oriental
Frank País

TITULO DE PROPIEDAD

Raúl Castro Ruz, Comandante en Jefe de las Fuerzas Rebeldes del Segundo Frente Oriental Frank País, en uso de las facultades de que estoy investido al amparo de la Ley de Reforma Agraria dictada por la Comandancia General de nuestro Ejército y de los principios de justicia y equidad revolucionaria que lo animan.

RESUELVO

Primero: Visto el correspondiente instruido por el Buró Agrario de este Ejército, expido el presente Título de Propiedad a favor del señor Juan Theodoro Diphi, natural de Haití, ciudadano haitiano mayor de edad sí y vecino de Tiguabos sobre el lote de terreno que el mismo venía ocupando en concepto de precario y que tiene la siguiente descripción:

Rústico: Lote de terreno procedente de la Finca Realengo 18 propiedad del Estado situado en el barrio de Tiguabos, Término Municipal de Guantánamo y que mide Cinco caroes, lindando al Norte Arroyo Cacao, al Sur Vereda Cacao, al Este Vereda Cacao, y al Oeste Alfonso Marcelino.

Segundo: El lote de terreno a que este Título se refiere será considerado como patrimonio familiar, contrayendo la obligación su beneficiario de trabajarlo directamente o por medio de sus familiares y se considerará como inembargable, no pudiendo ser enajenado en forma alguna.

Tercero: Este Título será inscribible en el Registro de Propiedad correspondiente, en los libros que al efecto serán habilitados.

Dado en Territorio Libre de Cuba de este Segundo Frente Oriental Frank País, a dos de Diciembre de mil novecientos cincuenta y ocho.

(original firmado)
Raúl Castro Ruz
Comandante en Jefe

Saturday, October 22, 2005

PROTAGONISMO DEL HAITIANO EN CUBA (28-9-2005)

Por coincidencias históricas, las revoluciones de Haití y de Cuba triunfaron un primero de enero: la haitiana en 1804, la cubana en 1959.

Ambas sentaron un precedente en el hemisferio occidental: la haitiana, la primera revolución triunfante de esclavos negros, la cubana, la primera en convertir en libre su territorio en América Latina e iniciar la construcción de una sociedad socialista.

La presencia del haitiano en Cuba no ha sido todo lo pasiva que regularmente se tiende a pensar. Ha tenido, y tiene, un papel activo dentro de la formación de la nación cubana y su ulterior desarrollo.

La idiosincrasia, las creencias y conductas sociales, económicas, religiosas, culturales, artísticas, hábitos alimentarios, remedios para la salud y otras del haitiano se han engarzado en el entramado de esta nación antillana.

Numerosos hijos de aquel país y sus descendientes ofrendaron sus vidas en las gestas libertarias cubanas o alcanzaron lugares cimeros en la Guerra de Independencia, así como en los posteriores años de lucha contra regímenes dictatoriales.

Un ejemplo de esta afirmación lo es también Emilio Bárcena Pier, descendiente de haitiano, que se incorporó a la lucha guerrillera contra la tiranía de Batista y, junto con el Ejército Rebelde creado por la vanguardia que asaltó al cuartel Moncada, luchó bravamente. El perteneció a las tropas del querido y legendario comandante Ernesto Che Guevara, hasta caer heroicamente en combate.


Sangre de sus descendientes se derramó también, junto con la cubana, en las acciones internacionalistas en África y en otras regiones, en aras de la libertad de aquellos pueblos. Las filas de combatientes cubanos del Che en el Congo, en el año 1965, contaron con un haitiano (Adrien Sansaricq) y no pocos descendientes de esta etnia.

Y así fue cuando Cuba ayudó al pueblo angolano a defender su libertad de los intentos coloniales sudafricanos, o en muchos otros lugares combatiendo al enemigo colonialista e imperialista, o brindando el apoyo a la educación, a la salud, a las construcciones, al desarrollo económico de naciones hermanas del llamado Tercer Mundo.

Al igual que el resto del pueblo, están librando las batallas actuales de Cuba por la defensa y e triunfo definitivo de la justicia y de la razón.

CHICHO CUBA, DIRIGENTE SINDICAL DE ORIGEN HAITIANO (28-9-2005)

Un ejemplo de la participación haitiana en las luchas obreras cubanas lo constituyó Chicho Cuba, un descendiente de haitiano y gran dirigente sindical de los trabajadores agrícolas en la colonia Egipto, en el central Ermita (Costa Rica), del hoy municipio El Salvador, en la provincia de Guantánamo.

Nació en la década de 1920 en la colonia Egipto. Su padres, haitianos, habían llegado a Cuba en 1919 para trabajar, ganar algún dinero y regresar a su país. Pero el poco ingreso logrado les hizo permanecer más tiempo del concebido. Tenían un cuarto en el batey en Egipto y con el tiempo hicieron una casa más amplia.

Aún siendo un muchacho mostraba una atracción muy grande por el país donde había nacido. “Cuba, Cuba, Cuba” siempre le oyeron mencionar, por lo que contemporáneos de él le empezaron a llamar Chicho Cuba.

No pudo acudir permanentemente a la escuela. Asistió poco tiempo a una situada en la colonia Corralillo del propio central Ermita. Pero su tenaz decisión por aprender todo lo más que podía le hizo que leyera mucho, y su inteligencia innata le permitió conocer bastante sobre las matemáticas, el español y otras materias.

A pesar de su ascendencia y hablar el creole en su hogar haitiano, aprendió y pronunció muy bien el idioma español, sin que se le notara el acento extranjero.

La situación económica de su familia le hizo abandonar la escuela y dedicarse al único trabajo asequible entonces: el corte de caña.

En las faenas del corte recorrió prácticamente todas las zonas del central Ermita: lo hizo cercano al chucho del propio Egipto, en el Cuatro y Medio, Corralillo, La Doña, Puriales, Ojo de Agua, Santa Rita y otros cañaverales de esas colonias.

Era negro, de mediana estatura y de fuerte complexión; de carácter alegre y muy popular; noble y tranquilo con los amigos pero muy enérgico, activo y agresivo en el hablar con los que no lo eran.

Demostró con su valiente actitud, que los braceros haitianos no eran gentes que acataran dócilmente las arbitrariedades que se cometían contra ellos.

El Sindicato fue organizado en el central Ermita en el año 1940 para encausar las inquietudes y reclamos obreros y enfrentar las pésimas condiciones de trabajo y de vida a las que estaban sometidos ellos y sus familias.

La tonelada de caña se pagaba muy barata: 15 centavos en 1933, después 25 y llegó hasta 47 entre 1939 y 1940. Los cortadores pedían constantemente que se mejorara esta situación.

En la colonia Egipto se concentraban los elementos más combativos del central, y Chicho Cuba fue elegido como el Secretario General del sindicato allí, porque –al decir de trabajadores de aquel entonces- para ser dirigente de los obreros agrícolas tenía que ser guapo hasta más no decir.

Chicho Cuba se reunía con los obreros y analizaban la situación imperante, planteando lo que debían exigir a los patronos.

En el año 1944 los cortadores de caña no resistieron más el bajo nivel de pago por su trabajo y las condiciones de vida a que estaban sometidos.

El día 6 de abril unos 800 macheteros que cortaban en Arroyo Manteca y otros lugares se organizaron en una marcha desde los campos de caña hacia las oficinas del central Ermita para exigir un aumento.

Al frente de ellos marchaba Chicho Cuba.

Los mayorales dieron el aviso a la oficina del central exagerando la situación: advirtieron que los obreros tenían intención de incendiar el ingenio.

Fue llamado entonces el Escuadrón 12 de Cuneira, cuyos efectivos tomaron posesión de los caminos Quita Calzones y otros por donde se dirigían los manifestantes.

Al aparecer estos empezaron a disparar contra ellos: primero al aire y después fueron bajando el nivel de dirección de sus fusiles hasta hacerlo contra los trabajadores.

En las zonas de la cañada de Hongolo Songo cayó abatido Chicho Cuba. Murió al instante, con sus brazos levantados cuando alentaba a sus compañeros.

Fue sepultado en el cementerio La Viuda, en el propio central Ermita.

Como él se encuentran otros haitianos, jamaicanos y sus descendientes que participaron, codo con codo, con los trabajadores cubanos en sus luchas sindicales.

EMILIO BARCENA PIER, BALUARTE DE LA REVOLUCION CUBANA (30-11-2004)

En el seno de una familia de inmigrantes haitianos llegados a Cuba como fuerza de trabajo barata nació el 24 de septiembre de 1926 Emilio Bárcena Pier.

Sus padres: Estilita Bárcenas y Clemente Pier, habían emigrado hacia Cuba en búsqueda de mejores opciones para sus vidas, en la época del auge azucarero cubano en la Primera Guerra Mundical. Fue el primero de cuaro hijos de este matrimonio y tuvo como escenario de su crianza un barracón de colonia Ojo de Agua del antiguo central Ermita, hoy denominado Costa Rica, en la oriental provincia de Guantánamo, en Cuba.

Su niñez transcurrió en la miseria como la de tantos otros integrantes de esta etnia sometidos a la explotación en la república necolonial de entonces. Por eso tuvo que trabajar desde muy joven para alcanzar el necesario sustento familiar.

Para él no hubo juegos infantiles y ni tan siquiera el aprendizaje en una escuela. El rudo ajetreo en los campos cañeros o cafetaleros, tumbando montes, limpiando terrenos, cortando caña o recogiendo, café eran sus actividades cotidianas.

Y trabajó fuerte, codo con codo con su padre, en una pequeña colonia que alcanzó a tener su progenitor en sociedad con otra persona, en Buey Arriba, en la Sierra Maestra.

En el duro bregar por los campos, alcanzó a desarrollar una corpulencia física que le hizo sobresalir donde quiera que se encontraba. Junto a esto, se forjó un carácter jovial y alegre, lo que le granjeó la amistad y buena voluntad de quienes le llegaban a conocer.

Tal característica le vinculó a distintas personas, sobre todo, a quienes por ese entonces tenían ideas socialistas.

Emilio se adentró en esta forma de pensamiento al punto tal que llegó a ingresar como militante en la Juventud Socialista a finales de los años de 1940, y formar parte de la Comisión de Orden y Disciplina de los actos que se realizaban por la organización.

El país vivía convulsionado por una tiranía sangrienta que había asaltado el poder mediante un golpe de estado el 13 de marzo de 1952.

Su horizonte laboral se fue ampliando: trabajó como cortador de caña y pesador, como chofer y peón de la construcción y otros trabajos diversos.

Se decidió y logró establecerse en sociedad en un bar en Manzanillo, pero se desanimó de ello porque no vio en esto un claro futuro. Abandona este negocio y a fines de junio de 1957 se traslada hacia las montañas, en búsqueda de trabajo en los cafetales.

Pero, cuando se adentra en la Sierra Maestra es interceptado por una patrulla de los guerrilleros del Ejército Rebeldeeque luchaban en las montañas contra la tiranía desde el 2 de diciembre de 1956.

Fue interrogado y sus respuestas fueron honestas y sinceras. Posteriormente fue conducido, junto a otros apresados como él, ante la presencia del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien les explicó los objetivos de la Revolución que se desarrollaba y les invitó a incorporarse a ella.

Lo destinaron a la Columna Uno ,al pelotón del entonces capitán Raúl Castro Ruz, con la misión de ayudante de ametralladora.

Así comenzó Emilio su incorporación en esta fase de la lucha por la libertad y la independencia de Cuba

Por su fortaleza física, bondad y nobleza, sus compañeros lo bautizaron como “Tangañica”, personaje en boga en una de las aventuras radiales de la época.

Participó en varias acciones y combates en la Sierra Maestra y su arrojo y valentía le valieron para formar parte de la Columna 6 “Frank País”, encabezada por el ascendido a Comandante Raúl Castro Ruz.

Más adelante fue destinado como refuerzo a la Columna 9 “José Tey”. Él participo en el primer ataque al cuartel de Soledad. Más adelante fue destacado en la fábrica de bombas y armamentos establecida en la llamada "Casa de la Tía", en Aguacate.

El día 30 de julio, aniversario de la muerte Frank País, jefe del Movimiento 26 de Julio en la provincia de Oriente, se escogió para atacar al apostadero de Minas de Ocujal.

En el plan de acción se utilizaría un bulldozer con una bomba colocada en su cuchilla frontal para forzar la entrada al cuartel. Había que prenderle la mecha y el intenso fuego enemigo no daba tregua para efectuar esa operación. Era una misión en extremo peligrosa.

Emilio se ofreció para realizar el encendido de la mecha. Parapetado detrás de la cuchilla avanzó a la par que el bulldozer hacia las filas enemigas. Pero un giro brusco del equipo por un obstáculo en el camino dejó al descubierto el cuerpo de Emilio, quien cayó gravemente herido por el fuego graneado contrario.

Rápidamente fue ayudado por sus compañeros, quienes le retiraron hacia la retaguardia y le asistieron. Emilio, lejos de quejarse por sus heridas, pronunciaba palabras de arenga hacia sus compañeros para que cumplieran la misión de tomar el cuartel, a la vez que daba vivas hacia los próceres de la independencia cubana, Martí, Gómez y Maceo.

Los médicos guerrilleros realizaron ingentes esfuerzos por salvar su vida. Poco tiempo después fallecía.

Con carácter póstumo fue ascendido a Teniente muerto en campaña y, a propuesta del Jefe de la Columna 9 “José Tey” , le fue otorgada la orden “Legión de Honor Frank País”.

Hoy día la condecoración máxima que reciben los afiliados al Sindicato Nacional de Trabajadores Civiles de la Defensa lleva el digno nombre de Emilio Bárcena Pier, y su ejemplo es uno de los baluartes de los trabajadores civiles y de los combatientes, clases y oficiales de las instituciones armadas cubanas.

ADRIEN SANSARICQ, UN HAITIANO EJEMPLAR (29-11-2004)

Adrien Sansaricq, nacido en Jeremie el 16 de agosto de 1936, es uno de los más preclaros ejemplos del protagonismo de los haitianos en Cuba, de internacionalismo y de seguimiento y de las enseñanzas de lucha por la independencia y libertad del pueblo.


Desde muy temprana edad asimiló la triste realidad de explotación y miseria que vivía su país. Durante su etapa de estudiante entre 1951 y 1955, y esencialmente en la fase terminal del Bachillerato en 1955, en el Colegio San Luis de Gonzague, en Puerto Príncipe, se trasladaba con un grupo de sus condiscípulos hasta las áreas salineras a compartir con los trabajadores del lugar.

A contrapelo de ser mulato, sintió como suyos los martirios de todo su pueblo, de negros, de mulatos y de blancos, y se dedicó en cuerpo y alma a tratar de transformar esa realidad.

Por ello escogió la Medicina para su formación profesional, para enfrentar los sufrimientos humanos de los haitianos.

Durante esta etapa de su vida, siendo estudiante universitario en México, donde curso los primeros cinco años de la carrera de médico-cirujano en la Escuela de Medicina, sintió determinados cambios en su pensamiento social y político.

El impacto del triunfo de la Revolución cubana, el primero de enero de 1959, le llegó a su vida como cual brújula en su derrotero. Desarrolló amplias e intensas sesiones de intercambios de conocimientos sobre la realidad cubana y su comparación sobre lo acontecido en Haití bajo el mandato de Francoise Duvalier.

Lo que hasta entonces eran sesiones de discusiones teóricas y alguna que otras acciones políticas acometidas como estudiantes, alcanzó más adelante una forma mejor estructurada al incorporarse clandestinamente, a principios de 1962, en el Partido de la Unidad Popular de Haití (Parti d’Entente Populaire d’Haití) (comunista).

En Cuba se había producido un éxodo de muchos médicos y, como respuesta a ello, profesores de la Universidad Autónoma de México, la comunidad progresista y algunos galenos mexicanos, partieron hacia la mayor de las Antillas para dar su apoyo a la situación de salud cubana.

Adrien, ya casi médico, se hizo el propósito de contribuir también.

Remedaba las enseñanzas de los próceres de la Revolución Haitiana, quienes en distintos momentos de la guerra de los mambises por la independencia Cuba entre 1868 y 1898 brindaron su colaboración tanto a ésta como a los criollos encabezados por Simón Bolívar que lucharon por la independencia de Hispanoamérica.

El ofreció su cooperación solidaria a otra revolución: la cubana, y así lo manifestó a su dirección partidista.

Luego de asistir como delegado al VIII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en Helsinski, en julio de 1962, representando a la Liga Juvenil Popular de Haití, así como a la Asamblea de la Federación Mundial de la Juventud Democrática, en Varsovia, Polonia, viaja hacia Cuba, a donde llega el 26 de agosto de 1962.

El 21 de Septiembre de 1962 es autorizado a realizar el Sexto año en la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana y, apenas transcurrido un mes, se aprestó a defender el país como tantos otros cubanos durante la llamada Crisis de Octubre. Él se atrincheró como médico en la zona del Mariel, dentro de un batallón de combate y por espacio de cuarenta días.

Arrostró el grave peligro que vivió todo el pueblo cubano, amenazado de ser desaparecido de la faz de la tierra mediante un ataque con cohetes nucleares por parte de los Estados Unidos de Norteamérica.

Y se empleó a fondo en la colaboración en el terreno de la salud en hospitales de la capital del país, en la especialidad de Pediatría.

A pesar de estar exento de ello por su condición de extranjero, Adrien decide participar en lo establecido por la Ley cubana número 723, del 23 de Enero de 1960, mediante la cual se instauró el Servicio Médico Social Rural en Cuba para los graduados de Medicina. Éstos debían prestar sus servicios en tiempo completo y dedicación exclusiva en las comunidades rurales por término de un año, lo que posteriormente se extendió a dos años.

Fue ubicado en un dispensario médico del municipio Manzanillo, en la zona de Santo Domingo, intrincado lugar de la Sierra Maestra, en el Oriente de Cuba. Se dedicó pacientemente a crear las mejores condiciones para su labor entre la población campesina residente en el lugar y se ganó el cariño y afectos de toda esa población.

Y, a la par, se preparó para el enfrentamiento revolucionario a la situación que imperaba en Haití con la dictadura duvalierista, que sojuzgaba a su pueblo y lo sometía a un terrible panorama de crimen y latrocinio.

Plenamente dedicado a las funciones médicas recibe la infausta noticia de que trece miembros de su familia (padres, hermanos, cuñada, tías y sobrinos), dentro de los cuales estaba su hermanita de diez años de edad y sobrinos menores de cinco años, habían sido masacrados en agosto de 1964 en Haití por los esbirros de Duvalier.

En octubre del propio 1964 es relevado en su misión del Servicio Médico Social Rural. Su buen desempeño como galeno le agenció la positiva valoración de los dirigentes cubanos quienes le confiaron la responsabilidad de participar en el grupo de conducción de la Salud en la región de Manzanillo.

Poco después él pasó al Servicio de Higiene y Epidemiología de Manzanillo como su subdirector, a la vez que se desempeñaba como médico de los círculos infantiles de la zona. En marzo de 1965 fue nombrado director del Policlínico de Manzanillo.

Adrien Sansaricq completará otra faceta de la influencia y enseñanzas recibidas de la Revolución Haitiana: la de ser internacionalista.

Conocido se tiene del aporte y participación de revolucionarios haitianos del siglo XIX en las gestas independentistas de América, incluido, su apoyo a George Washington.

Heredero también de esas enseñanzas, respondió afirmativamente y se integró al contingente de cubanos que, con el Comandante Ernesto Che Guevara al frente, apoyaban a la guerrilla del Congo, en el antiguo Zaire, contra los colonialistas belgas.

Junto a otros dos médicos cubanos (los doctores Octavio de la Concepción de la Pedraja y Diego Lagomosino Comesaña) integra el último grupo de galenos que se agrega al conjunto de combatientes en el Congo.

El 17 de septiembre de 1965 llega a Tanzania y, después de varios días de espera y preparación en Kigoma, cruzan el lago y arriban a las costas congolesas, a Kibamba, donde estaba el campamento guerrillero.

Una semana después arriban al campamento de Moja (Comandante Víctor Dreke), en Carula, y éste los conduce hasta donde se encuentra Tatu (Comandante Ernesto Che Guevara), con quien se entrevistan el día 26.

Cada uno recibe instrucciones directas de su misión y un nombre de guerra. A Sansaricq el Che le denomina Kazulu, nombre de una zona del Africa.

A partir de ese momento Adrien Sansaricq despliega diversas e intensas actividades. Desarrolló las funciones de médico en los momentos que así lo requirieron y constituyó un importante puntal de apoyo en la comunicación de la dirigencia cubana en el Estado Mayor con los representantes congoleses, en las tareas de traductor.

Él estuvo presente, desde su llegada, en los distintos momentos cruciales de la contienda. Así fue hasta que del 18 al 21 de Noviembre de 1965 se realiza la retirada de las tropas cubanas participantes en la guerra de liberación de los revolucionarios del Congo.

Sólo la alta confiabilidad que le confirió el Che y la meritoria labor de Adrien permitieron que al final de esta misión el Guerrillero Heroico lo señalara entre los destacados combatientes de esta guerrilla. Así lo reflejó en su diario de campaña de este gesta cuando incluyó a Kasulu al decir:

“Quisiera dejar aquí los nombres de aquellos compañeros en los cuales sentí siempre que me podía apoyar, por sus condiciones personales, su fe en la revolución y la decisión de cumplir con su deber pasara lo que pasara.”

Adrien regresa a Cuba en diciembre de 1965 y continúa sus labores en la Medicina, esta vez, vinculado a la decisión de la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Africa, Asia y América Latina (denominada Conferencia Tricontinental), respecto a la atención de la salud de revolucionarios latinoamericanos y otros en Cuba.

Es ubicado en los Servicios Médicos de una unidad militar hasta fines de marzo, en que es nombrado allí Jefe de esos servicios. En abril de este propio año es ascendido a Primer Teniente.

Contrajo matrimonio y le nació su hijo: Ernesto Adrien, el 31 de diciembre de 1966.

Transcurre el año 1967 y las noticias sobre la caída del Che y demás combatientes en Bolivia le impactan enormemente.

En abril de 1968 deja una carta de despedida a Faustino, el hijo de su esposa que él ha criado, y también para su hijo Ernesto Adrien:

...Tú sabes que en muchas partes del mundo los pueblos luchan por liberarse de la opresión. Tú has oído hablar de los vietnamitas que pelean duramente contra los malos yanquis. En otras partes del mundo hay otros pueblos también que tienen que liberarse y tendrán que pelear tan duro como los vietnamitas contra los yanquis. América Latina es un continente así que necesita liberarse y como yo soy de ahí voy a luchar junto con todos los revolucionarios y junto con el pueblo. Puede ser que sobreviva a la larga lucha que nos espera y en este caso, nos volveremos a ver algún día. Pero si no logro ver el fin de la lucha no nos veremos más y en este caso que ésta carta sirva de despedida.
...Espero que mi actuación sea siempre limpia y que en ningún momento tu tengas que ruborizarte o avergonzarte de mí. Tengo el firme propósito de que sea así.

Sansaricq se infiltra clandestinamente en Haití y desde el primer momento desarrolla, en unión de otros patriotas, la lucha clandestina contra el régimen duvalierista.

El Partido de la Unidad Popular de Haití (Parti d’Entente Populaire d’Haití) hace un llamado el cuatro de agosto para elevar la lucha contra la tiranía.

Él es un militante convencido de la línea de su partido y se emplea a fondo por su cumplimiento. Fue un activo colaborador de las publicaciones clandestinas Voix du Peuple y de Boukan, bajo el pseudónimo de Lilan Toutsos (Estoy en todas las salsas), orientando las acciones contra la tiranía.

El régimen, con la estrecha colaboración de la Administración norteamericana, principalmente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), despliega una intensa labor de penetración y exterminio del movimiento revolucionario y democrático en Haití. Poco a poco va liquidando en 1969 los focos guerrilleros, la resistencia popular y la lucha activa contra Duvalier.

El 14 de Abril de 1969 en Bouthilliers los efectivos del ejército de la tiranía rodearon la casa donde se encontraban Sansaricq y otra revolucionaria, a raíz de la denuncia de un traidor. A partir de entonces y durante dos horas se batieron a tiros contra las fuerzas enemigas, logrando derribar a varios de ellos y al lugarteniente de la tiranía Harve Magloire, quien iba al mando de los soldados.

Escasos de municiones, intentan abrirse paso a tiros para fugarse. Logran salir de la casa hacia un camino próximo. Ella se esconde dentro de una gran tubería pero es descubierta y es apresada.

Adrien es perseguido muy de cerca. Salta un muro y llega al camino en el justo momento en que avanzan carros con un personero de la tiranía. Al descubrir su figura portando un arma le abren fuego. El cae para siempre.

Contaba entonces con 32 años y casi ocho meses de edad.

Como él cayeron en ese 1969, combatiendo o en las cárceles, Gerald Brisson, Jacques Jeannot, Arnold Devilme, Daniel Sansaricq, Alix Lamute, Lamarre St. Germain y tantos otros que engrosaron las filas del martirologio haitiano.

Hoy, jóvenes haitianos y de otras latitudes continúan fieles seguidores del pensamiento revolucionario latinoamericano, en especial, del Comandante Ernesto Che Guevara. Y el coraje y ejemplo de Adrien Sansaricq vive y pervive en los corazones de los hombres y las mujeres que sueñan y luchan por un mundo mejor, tal y cual pensaron y lucharon por su independencia y libertada los revolucionarios haitianos del 1804.

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ARTICULO PUBLICADO EN EL PERIODICO EL HABANERO, EN ABRIL DEL 2004

Sansaricq inició la obra
Por Joel Mayor Lorán

[17.04.2004]-Hora 12:00 m de Cuba

Adrien Sansaricq escogió el camino marcado por hombres y mujeres altruistas de muchas generaciones. Este médico haitiano quizás no soñó siquiera que al ofrecer sus servicios en Cuba, tras el éxodo de galenos en los primeros años de la Revolución, participaba de los cimientos de la colaboración médica cubana.

Llegó al país en 1962 y fue destinado a la región oriental. Su destacada labor propició que ocupara responsabilidades en centros rurales de salud. Luego, al llamado del Che, se incorpora a la guerrilla que apoyaba al movimiento de liberación nacional en Zaire, hoy República Popular del Congo.

Pero este ejemplo de revolucionario e internacionalista no podía sustraerse de una lucha iniciada mucho antes: el enfrentamiento de su pueblo contra el régimen dictatorial duvalierista. Regresó y murió peleando.

El pasado 14 de abril se cumplieron 35 años de aquel día, y correspondió a los artemiseños conmemorar la fecha, en nombre de haitianos, cubanos y latinoamericanos, explicó Orlando Álvarez, primer secretario del Partido en el municipio.

¡Ningún homenaje mejor que las palabras de Sergio Rodríguez, Licenciado en Enfermería, quien puso sus conocimientos al servicio de la comuna Baie de Henne, una de las más pobres de la nación de Sansaricq! ¡O las de Yaquelín Hernández, directora de la única institución de salud en el mundo que lleva su nombre: un policlínico de Artemisa!

Al acto escenificado en la Villa Roja acudieron Iván Ordaz y Evelio Saura, primer secretario del Partido en La Habana y presidente del Gobierno, respectivamente, una representación de haitianos residentes en Cuba y otros que estudian aquí, integrantes de la guerrilla cubana en el Congo y profesionales que conocieron y trabajaron con Sansaricq.

JOSE A. MARTINEZ ALCANTARA, EL INTERNACIONALISTA (22-10-2004)

Significó mucho para mí cumplir la misión a la que me mandó la Revolución en Angola, como combatiente reservista.

Allí libré acciones directas combatiendo al enemigo de ese pueblo africano, pagando, como ya se ha dicho por Fidel Castro, esa deuda moral que tenemos los cubanos con los hijos de Africa que fueron arrebatados por la fuerza por los colonialistas, y traídos como esclavos tanto para Cuba, como para Haití y las demás zonas del Nuevo Continente.

Soy trabajador de la empresa ECOI-18, de Florida, Camaguey, en el Contingente Julio Sanguily. Antes trabajé en la Empresa de Cultivos Varios de Florida, en la que dediqué parte de mi juventud, participando directamente en labores de construcción.

A lo largo de los años he participado en la construcción de muchas de las escuelas y viviendas que hoy cuenta este municipio de Florida.

Soy hijo de haitianos. Mi padre se llamaba Medeise Almazan y le decían Chode. Nació en O Cayes. Mi abuelo, Camile Almazan , también de O Cayes, vino hacia Cuba en 1902, después regresó a Haití e hizo un par de viajes más a Cuba.

En 1948 vinieron a Cuba y entonces, se quedaron aquí. Se establecieron en Palma Soriano, provincia de Santiago de Cuba, para la recogida de café. Después se trasladaron hacia la colonia Santiago Pérez, en el actual municipio Carlos Manuel de Céspedes, provincia de Camaguey, donde se incorporaron al corte de caña y otras labores agrícolas como la chapea, surque de caña y otras tareas.

Mi padre se casó con mi mamá, una cubana, en Vega Honda, en Palma Soriano, antigua provincia de Oriente. Después se mudaron para Florida, en Camaguey.
Nací en 1955.

Ellos me dieron una educación que fue más allá de la que recibí en la escuela. Me prepararon para la vida, para el trabajo. Mi padre me enseñaba ha hablar en creole y me insertó en los primeros pasos y participé en algunos cortes de caña aún siendo menor.

Pero ello no impidió que siempre velara porque yo estudiara. Luchó mucho porque alcanzar los estudios superiores.

Mi padre nos narraba cómo era la vida en Haití, cómo se trabajaba allá, cómo se ayudaban unos a otros, cómo compartían sus terrenos y los cosechaban. Tenían, incluso, trapiches criollos y molían la caña.

También contaba sobre la venta que se hacía de los productos. Decía que se reunían en un lugar determinado como especie de un mercado, para vender los productos. Constantemente nos hacía anécdotas sobre eso y nos enseñaba, incluso, fotos que conservaba de esa época.

Estudié la enseñanza media superior en La Habana y continué y me gradué como Ejecutor de Obra Civil, mi actual profesión.

Me encontraba trabajando en la Empresa de Cultivos Varios de Florida me seleccionaron para cumplir la misión internacionalista en Angola.

Participé en aquella contienda y tuve un desempeño que fue reconocido. Tengo cinco o seis medallas, dos o tres estímulos y medallas de Primera Clase, como la Medalla Antonio Maceo, la Medalla Distinguida de Angola Agostino Neto, recibida por una labor realizada allá, y recientemente me hicieron llegar y entregaron aquí en Cuba la Medalla de la República Popular de Angola.

Cumplí sencillamente con la Revolución, su mandato de internacionalismo proletario, al igual que miles y miles de cubanos que han actuado en defensa de la Revolución, como ahora lo han mostrado los cinco cubanos prisioneros del imperio por haber luchado contra el terrorismo en los propios Estados Unidos de Norteamérica.